Las líneas largas tienen algo especial para cualquier azafata. Después de muchas horas de vuelo, ofrecen una pausa diferente: tiempo extra para descubrir una ciudad y compartir experiencias, a veces, incluso con familiares y amigos que se unen al viaje. Eso es exactamente lo que creían que les esperaba a esta tripulación al entrar en el espacio aéreo de Qatar y aterrizar en Doha el 27 de febrero… pero no fue así.
Una tripulación en Doha y la esencia de ser TCP
Había sido un vuelo largo, pero tranquilo. Al llegar al hotel, el ambiente era relajado, casi festivo. Algunos miembros de la tripulación estaban acompañados por sus parejas, familiares y amigos, aprovechando la duración de la línea. Doha siempre ofrece muchas posibilidades. Es una ciudad vibrante, que mira al mar y es muy diferente a lo que están acostumbrados. Excursiones al desierto, paseos por el zoco y preciosos museos. Tenían unos planes estupendos:
- Una excursión por las dunas en el desierto.
- Visitar el zoco de la ciudad y terminar el día viendo el atardecer sobre el Golfo.
Es Ramadán, y la ciudad tiene ese ritmo tan particular que mezcla calma durante el día y vida intensa al caer la noche. Todos estaban deseando experimentar la ciudad en su totalidad.
Giro inesperado: está cerrado el espacio aéreo de Qatar
A la mañana siguiente, antes de la primera excursión al desierto, varias de las azafatas decidieron acercarse a un moderno centro comercial muy próximo al hotel. Era una salida fácil, ideal para pasear, comprar algún recuerdo y esperar para iniciar la tan ansiada vivencia de disfrutar entre dunas. Había algunas tiendas y locales cerrados por Ramadán, pero el ambiente era perfecto.
A las 12 del mediodía, casi al mismo tiempo, varios de los teléfonos de los auxiliares de vuelo emitieron un sonido de alerta. No era un mensaje normal. Se trataba de una notificación oficial escrita completamente en árabe.
«¿Alguien comprende algo?», preguntó la sobrecargo. Nadie lo entendía.
Decidieron continuar y no darle importancia al ver que las personas que estaban alrededor seguían con su actividad. Durante unos minutos, lo tomaron como una curiosidad más del viaje.
Pero entonces, empezaron a notar el cambio a su alrededor. Las tiendas comenzaron a cerrar. Personal de seguridad del centro comercial caminaba con rapidez. Otras personas consultaban sus teléfonos con rostros serios.
Un segundo aviso sonó en los móviles. Esta vez, acompañado por otro ruido: un estallido lejano, no muy fuerte, pero lo suficientemente intenso como para que el ambiente cambiara por completo.
Pidieron a alguien que les tradujera el aviso:“Alerta de emergencia nacional”, “Permanezcan a resguardo y en lugar seguro hasta que el peligro haya pasado…”
En cuestión de minutos comenzaron a llegar noticias a través de aplicaciones de mensajes y medios internacionales:
Tensión militar en Oriente Medio, ataques, activación de defensas… y, finalmente, la confirmación que nadie quería leer:
El espacio aéreo catarí quedaba cerrado.
La guerra había estallado en la zona.
Reacción profesional cuando está cerrado el espacio aéreo de Qatar
La tripulación reaccionó de forma automática. Aquello no era un avión ni una emergencia a bordo, pero el instinto profesional funcionó exactamente igual.
“Volvemos al hotel”, dijo la sobrecargo con calma. El grupo regresó caminando rápidamente pero sin perder la serenidad. Algunos familiares estaban visiblemente nerviosos. Otros miraban al cielo intentando entender qué estaba pasando.
Poco después, desde el hall del hotel, pudieron verlo.
Sobre la ciudad, aparecían destellos rápidos que ascendían hacia el cielo antes de desaparecer. El sistema de defensa antimisiles estaba activado y trabajando para interceptar proyectiles en el aire. Los estallidos llegaban con retraso, amortiguados por la distancia, pero eran inconfundibles.
El hotel confirmó las instrucciones oficiales: nadie debía salir al exterior.
Los vuelos estaban suspendidos hasta nuevo aviso. La tripulación y sus familiares quedaban confinados allí. Todos sus planes también.
Las excursiones previstas se transformaron en horas de espera e incertidumbre. Sin embargo, fue precisamente en ese momento cuando algo muy propio del mundo de la aviación comenzó a surgir: el espíritu de equipo.
El espíritu de equipo en el cierre del espacio aéreo de Qatar
Los TCP estamos acostumbrados a gestionar emociones, incluso en circunstancias imprevistas. Aunque esta situación era completamente nueva para todos, la actitud y el entrenamiento profesional marcaron la diferencia una vez más.
Primero organizaron el grupo. Se aseguraron de que todos los acompañantes estuvieran tranquilos. Revisaban constantemente la información disponible. Hablaron con su compañía aérea y con el personal del hotel. Pero también hicieron algo igual de importante: cuidaron de todos entre todos.
Entre café y conversaciones tranquilizadoras, las horas comenzaron a pasar de otra manera. Desde los ventanales del hotel, algunos observaban de vez en cuando los destellos del sistema defensivo catarí en el cielo.
Los mensajes de alerta al teléfono seguían llegando.
Y entre esas miradas surgieron conversaciones que, en un vuelo normal, probablemente nunca tienen tiempo de aparecer:
- Historias de cómo habían llegado a la aviación.
- Recuerdos de vuelos difíciles.
- Sueños de destinos que aún querían conocer.
Los familiares y amigos, que habían llegado como simples acompañantes a una línea especial y divertida a priori, comenzaron a comprender mejor la esencia del trabajo de un TCP. No se trata solo de viajar, ver el mundo y atesorar experiencias increíbles.
Es, sobre todo, saber estar. Saber transmitir serenidad. Saber cuidar de los demás.
El iftar y nuestra reflexión catarí
Cuando cayó la noche y llegó la hora del iftar (el momento cuando cae el día y el anochecer marca el comienzo de la actividad en Ramadán), en el hotel todos los auxiliares de vuelo compartieron la cena con una sensación muy diferente a la del día anterior.
El mundo exterior era incierto, pero entre ellos se había reforzado algo importante.
A veces, las experiencias más intensas no ocurren durante el vuelo, sino en tierra, cuando el espacio aéreo Qatar se cierra inesperadamente.Y aquella jornada en Doha se convirtió en una lección para cualquier futuro TCP: la profesionalidad no se valida solo a bordo de un avión. También se demuestra en momentos tan delicados como éste, cuando la calma, el compañerismo y el cuidado de los demás se convierte en la verdadera altura de crucero.
Permitidme que esta entrada se la dedique a Raquel, la sobrecargo de este vuelo.
Gracias por tu profesionalidad, entereza y amistad.
¡Me despido de vosotros esperando veros de nuevo a bordo muy pronto!